CON VIENTO A FAVOR
En nuestra encuesta del mes de julio continúa aumentando la confianza de los consumidores y alcanza 58 puntos, el mismo registro de agosto del 2008 –es decir, antes de la crisis-. En la serie de mediciones que arrancamos en agosto del 2007, sólo fue superado por el registro de marzo del 2008, donde llegó a 59 puntos. “Optimismo moderado”, pero en el borde del nivel que llamamos “optimismo atendible” -cuando supera los 60 puntos-. Pero, además, optimismo creciente, si se atiende a la serie de mediciones desde noviembre del 2008 en adelante: una suba de 11 puntos, de 47 en noviembre a 58 en julio del 2009.
Por supuesto, pueden hacerse muchas preguntas tanto sobre el nivel de confianza alcanzado como sobre la tendencia encontrada. Algunas de ellas –además- se preguntan por la evolución probable de la confianza en un año electoral. Por esa razón conviene analizar el tema con algún detalle.
Comencemos por el nivel alcanzado por la confianza del consumidor en julio, relativamente alto en el marco de nuestra serie y bastante más alto que el verificado en otras economías regionales. ¿Es razonable? La información disponible sobre las variables que afectan la confianza sugiere que –al menos- no es irrazonable. De acuerdo a cifras del INE entre junio del 2008 y mayo del 2009 –que se analizan en la sección Percepciones y Realidades- los ingresos reales de los hogares aumentaron un 9,2 %, aumento que se verifica en todo el país urbano. En el mismo período, el ingreso per cápita creció un 11,9 %, en todas las áreas geográficas del país. Por lo tanto, si fuera por los ingresos del público habría buenas razones para ser optimistas.
Pero miremos a las otras cifras que de alguna manera inciden en la confianza de los consumidores. La inflación interanual, julio 2008 / junio 2009 se ubicó en 6.48, un poco por debajo de la meta del 7 anunciada por el gobierno, y, consecuentemente, la encuesta reveló un descenso en las preocupaciones por una inflación fuera de control. El desempleo de junio marcó 7.5 %, un poco por debajo de los registros de marzo, abril y mayo, y –coherentemente- desde marzo a la fecha la encuesta muestra una caída de la preocupación por el aumento de la desocupación. El nivel de actividad, por cierto, fue mucho menor que el verificado un año atrás, pero la poca información disponible sugiere que el descenso no fue tan grave como se pudo imaginar y, además, que es probable que se recupere modestamente en el segundo semestre. De tal forma que, si sumamos ingresos, inflación, empleo y actividad, no parece irrazonable encontrar un consumidor moderadamente confiado.
Ahora bien: más allá del nivel, veamos la tendencia. Podemos aceptar que los consumidores luzcan confiados. Pero, ¿con una confianza creciente? Como mostramos, la tendencia verificada desde noviembre pasado hasta julio de este año muestra en general un ascenso sistemático del nivel de confianza. ¿Puede explicarse este aumento? ¿Es razonable? Una examen preliminar del tema lleva a una respuesta positiva a ambas preguntas por tres razones distintas, todas ellas consistentemente alineadas para explicar esa tendencia.
La primera razón refiere a las formas en que operan, en la confianza económica, las percepciones y las expectativas del público. Entre agosto y octubre del 2008 el público experimentó una fuerte preocupación por los efectos de la crisis. En forma casi simultánea al momento en que los medios comenzaron a informar sobre la crisis, imaginó un rápido empeoramiento de la situación del país, un fuerte aumento del desempleo, un empeoramiento de su situación personal y un aumento de incertidumbre en relación al corto plazo. Pero los hechos “no fueron para tanto” y la realidad se comportó bastante mejor que las expectativas. De esta forma, por un efecto de contraste, el consumidor fue recuperando progresivamente la confianza hasta alcanzar, en julio, el mismo nivel de confianza que tuviera antes de la crisis.
Una segunda razón es de índole completamente diversa y refiere a lo que habitualmente se llama “el ciclo político”. Existen razones para pensar que en las fases previas e inmediatas a las elecciones nacionales el nivel medio de confianza tiende a aumentar “a demás factores constantes”. La información disponible en otras encuestas de Equipos sugiere que así ha sido efectivamente en los años 1999 y 2004. Y la razón es sencilla: los que apoyan al gobierno normalmente tienen bastante confianza en la economía –de lo contrario, probablemente disminuirían su nivel de apoyo- y algo parecido pasa con los que apoyan a la oposición siempre y cuando tengan razonables expectativas de ganar. En ambos casos, los consumidores perciben una mejora en las expectativas del país a corto y mediano plazo, y en esa medida tiende a subir el nivel medio de confianza.
Queda, finalmente, una tercera razón: aún cuando no disponemos de un monitoreo sistemático de la información de los medios a nivel mundial, parece bastante claro que en los últimos meses ha disminuído la información sobre la crisis y han aumentando las noticias y análisis que anuncian un enlentecimiento de la caída si no directamente la reactivación. Consiguientemente, si se observa el primer semestre, la confianza de los consumidores ha experimentado una mejora –modesta, pero mejora al fin- en todos los países que incluímos regularmente en nuestro monitoreo. En varios de ellos, como Chile y Argentina, la confianza de los consumidores todavía se ubica en niveles pesimistas, pero ahora “moderados”, cuando meses atrás eran “atendibles”. En otros, como Brasil y Uruguay alcanza registros “moderadamente optimistas”. Pero en todos mejora.
De esta forma, ciclo político, percepción global y una realidad que fue mejor que los pronósticos de los consumidores imaginaran contribuyen a explicar y a “hacer razonable” la tendencia verificada en la confianza de los consumidores: optimista y ascendente.
