24 of abril, 2014

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CONFIANZA ATENDIBLE

CONFIANZA ATENDIBLE

Nuestra encuesta del mes de setiembre mostró un nuevo aumento en la confianza de los consumidores (+1), que alcanza los 62 puntos y por segundo mes consecutivo se ubica en un nivel de “confianza atendible”. La diferencia respecto a agosto no es estadísticamente significativa, pero cuando se observa en su conjunto la serie de mediciones del año en curso parece razonable aceptar que se viene verificando un aumento bastante sistemático en los niveles de confianza, los que en el mes de setiembre alcanzan un nivel particularmente alto en el conjunto de nuestras mediciones y que, si se los compara con los verificados en la región, sugieren un clima de opinión bastante más confiado que el verificado en los países del Cono Sur de América Latina. “Optimismo atendible”, entonces, un poquito por encima de lo que llamamos “optimismo moderado”, pero confirmando la tendencia creciente que arranca desde noviembre del 2008 en adelante: una suba de 15 puntos -de 47 en noviembre a 61 en julio del 2009-, que implica un “doble salto de nivel”, desde “pesimismo moderado” al comienzo de la serie, retornando al optimismo “moderado” en enero hasta entrar al nivel de “optimismo atendible” en el pasado mes de agosto y confirmarlo en setiembre.

Para una interpretación más precisa del resultado encontrado en agosto, conviene releer algunos comentarios que realizáramos en análisis anteriores. “Por supuesto –decíamos en agosto-, pueden hacerse muchas preguntas tanto sobre el nivel de confianza alcanzado como sobre la tendencia encontrada. Algunas de ellas –además- se preguntan por la evolución probable de la confianza en un año electoral. Por esa razón conviene analizar el tema con algún detalle”.

En el análisis realizado en agosto se procedía en dos partes. En primer lugar nos interrogábamos por el nivel de confianza -58 puntos en julio-, nivel ya relativamente alto en el marco de nuestra serie y particularmente alto en un contexto regional. “¿Es razonable?”, nos preguntábamos, y a continuación mostrábamos que “la información disponible sobre las variables que afectan la confianza sugiere que –al menos- no es irrazonable. De acuerdo a cifras del INE entre junio del 2008 y mayo del 2009 (…) los ingresos reales de los hogares aumentaron un 9,2 %, (…), el ingreso per cápita creció un 11,9 %, en todas las áreas geográficas del país (…) La inflación interanual, julio 2008 / junio 2009 se ubicó en 6.48, un poco por debajo de la meta del 7 anunciada por el gobierno (…). El desempleo de junio marcó 7.5 %, un poco por debajo de los registros de marzo, abril y mayo. (…). El nivel de actividad, por cierto, fue mucho menor que el verificado un año atrás, pero la poca información disponible sugiere que el descenso no fue tan grave como se pudo imaginar y, además, que es probable que se recupere modestamente en el segundo semestre. De tal forma que, si sumamos ingresos, inflación, empleo y actividad, no parece irrazonable encontrar un consumidor moderadamente confiado”. En octubre, toda la información disponible sugiere que esta situación se mantiene y que en algunos de los ítems considerados –actividad, por ejemplo- es posible que los resultados del segundo semestre sean mejores a los imaginados hasta agosto.

Pero más allá del nivel encontrado, en nuestro análisis de agosto también nos preguntábamos por la tendencia. “Podemos aceptar que los consumidores luzcan confiados. Pero, ¿con una confianza creciente? Como mostramos, la tendencia verificada desde noviembre pasado hasta julio de este año muestra en general un ascenso sistemático del nivel de confianza. ¿Puede explicarse este aumento? ¿Es razonable?”. Y a continuación sugeríamos que “un examen preliminar del tema lleva a una respuesta positiva a ambas preguntas por tres razones distintas, todas ellas consistentemente alineadas para explicar esa tendencia”. Hoy podemos volver a formular la pregunta y las respuestas serían las mismas, pero probablemente enunciadas en forma más enfática.

La primera razón refería, directamente, a la formulación más sencilla de la teoría de las expectativas: “Entre agosto y octubre del 2008 el público (…) en forma casi simultánea al momento en que los medios comenzaron a informar sobre la crisis, imaginó un rápido empeoramiento de la situación del país, un fuerte aumento del desempleo, un empeoramiento de su situación personal y un aumento de incertidumbre en relación al corto plazo. Pero (…) la realidad se comportó bastante mejor que las expectativas”, y “por un efecto de contraste, el consumidor fue recuperando progresivamente la confianza hasta alcanzar, en julio, el mismo nivel de confianza que tuviera antes de la crisis”. Si estas afirmaciones podían sostenerse en agosto, con mayor razón pueden mantenerse en octubre: la realidad no fue tan grave como había sido imaginado, y probablemente fue bastante mejor.

Una segunda razón –decíamos- era de índole completamente diversa y refería “a lo que habitualmente se llama ‘el ciclo político’. (…) En las fases previas e inmediatas a las elecciones nacionales el nivel medio de confianza tiende a aumentar ‘a demás factores constantes’. (…) “Los que apoyan al gobierno normalmente tienen bastante confianza en la economía –de lo contrario, probablemente disminuirían su nivel de apoyo- y algo parecido pasa con los que apoyan a la oposición siempre y cuando tengan razonables expectativas de ganar. En ambos casos, los consumidores perciben una mejora en las expectativas del país a corto y mediano plazo, y en esa medida tiende a subir el nivel medio de confianza”. Si esto es sostenible en general, mucho más sostenible en la medida en que nos acercamos a una instancia electoral de resultado incierto. La comparación de los resultados encontrados en Uruguay con los que están verificándose en Chile –donde existe un “ciclo electoral” que tiene muchas similitudes con el uruguayo- confirma ampliamente esta interpretación.

Finalmente, sugeríamos una tercer razón que justificaría la tendencia creciente del optimismo del consumidor: la evolución del clima de confianza a nivel internacional. “(…) En los últimos meses ha disminuído la información sobre la crisis y han aumentando las noticias y análisis que anuncian un enlentecimiento de la caída si no directamente la reactivación. Consiguientemente, si se observa el primer semestre, la confianza de los consumidores ha experimentado una mejora (…) en todos los países que incluímos regularmente en nuestro monitoreo”. Y nuevamente, si esta afirmación era sostenible en agosto, es mucho más sostenible en octubre, cuando todas las sociedades que tomamos de referencia –con la excepción de Argentina- continúan experimentando un aumento del optimismo.

De esta forma, en nuestro comentario de agosto, sugeríamos que el comportamiento real de la economía local justificaría el nivel de confianza de los consumidores, mientras que la teoría de las expectativas, el ciclo político y la evolución de la confianza a nivel global podrían justificar la tendencia verificada. Todos estos comentarios pudieron reiterarse en nuestro informe de setiembre y deben reiterarse con más énfasis en octubre, al observar los resultados de nuestra encuesta de setiembre.

Más allá de eso, sin embargo, quedan pendientes dos interrogantes. La primera, de interés más teórico, es qué parte de la tendencia es explicada por cada de las causas indicadas –expectativas, ciclo político y clima internacional-. La segunda, más pragmática, es saber cómo evolucionará la confianza en los meses futuros y particularmente cuál será su suerte una vez que finalice el ciclo político. Habrá que verlo.

por César A. Aguiar