6 of febrero, 2012

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CONFIANZA DEL CONSUMIDOR JUNIO 2009: OPTIMISMO RESISTENTE

CONFIANZA DEL CONSUMIDOR JUNIO 2009: OPTIMISMO RESISTENTE

¿Hay razones para ser optimistas en relación a la economía del país? ¿Hay “razones razonables” para que los consumidores uruguayos se mantengan en un nivel aunque sea “moderado” de optimismo, cuando los diferentes indicadores públicos sugieren diferente tipo de problemas? Aunque parezcan parecidas, las dos preguntas anteriores no son iguales y, por lo tanto, las respuestas pueden ser distintas.

Comencemos por las razones de los consumidores. Nuestra encuesta de junio –por sexto mes consecutivo- ubica al Indice Equipos de Confianza del Consumidor en un nivel de “optimismo moderado”: 55 puntos, contra 53 de mayo. El cambio respecto a mayo no tiene significación estadística y confirma el título de nuestro análisis del mes anterior: el nivel de optimismo verificado entre los consumidores uruguayos es “moderado”, pero también persistente. Casi diríamos “resistente”, en la medida en que a lo largo del año ha resistido las señales adversas en materia de empleo y nivel de actividad.

¿Tienen los consumidores “razones razonables” para ese optimismo resistente? La respuesta positiva no es necesariamente desatinada. Aunque los consumidores “saben” de la crisis y probablemente también de las malas noticias locales referidas a actividad y empleo, en su inmensa mayoría no experimentan todavía las señales de esa crisis en su nivel de ingresos ni en su capacidad adquisitiva. El sentimiento dominante respecto a que la inflación está básicamente controlada completa ese “mood” que le permite resistir en su optimismo, aunque sea moderado.

¿Tienen razón los consumidores al experimentar ese sentimiento y justificarlo de esta manera? Este es otro cantar, y en este caso es más razonable es preguntárselo a los economistas. Y muy probablemente estos coincidirían en que, dadas las señales que vienen de la economía, los consumidores son un poco ilusos en su resistencia. Y probablemente, desde su propio ángulo de visión, no les faltaría razón a los economistas.

En cualquier caso, la situación es bastante clara. Se ha producido una caída importante en el nivel de actividad, que si no es una recesión en sentido estricto es al menos un brusco enlentecimiento respecto a los pasados años. Se ha producido una caída en el empleo, que aunque parezca haberse moderado, igualmente fue importante y afectó a una proporción atendible de personas ocupadas. Pero el público –la gran mayoría- todavía dispone de ingresos que se encuentran entre los más altos que ha tenido en los últimos años y siente que sus ingresos no están amenazados por una posible escalada inflacionaria. Adicionalmente, en la medida en que ha restringido algunos gastos relevantes como la compra de bienes de consumo durables, probablemente siente una menor presión sobre sus ingresos familiares. De esta forma, aunque esté equivocado para una mirada que parta desde las disciplinas económicas y financieras, visto el tema desde el punto de vista del propio consumidor, es probable que su “resistente optimismo moderado” tenga todavía “razones razonables”.

(imagen: Vitadelia.com)

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