NUEVAMENTE, EL MEJOR “MITOFSKY”: OTRA MISION CUMPLIDA
Como explicamos en una notar anterior, en relación a las encuestas previas a las elecciones internas de los partidos en el pasado mes de junio, hace ya mucho tiempo que en la industria de la opinión pública en el mundo se discuten criterios de evaluación de la calidad de las encuestas en una elección cualquiera. No hay un consenso absoluto sobre cuál es la mejor forma de evaluarlas, pero sí lo hay, al menos, en cuanto a cuáles son las formas más aceptables. En 1998, Warren Mitofsky resumía esas formas en un artículo clásico (MITOFSKY, W.: “Was 1966 a Worse Year for Polls than 1948?”, PUBLIC OPINION QUARTERLY 62,2: 230-249). En una ponencia presentada en el Primer Seminario Regional de WAPOR, realizado en Punta del Este en 1999, los investigadores argentinos Luis Roberto Acosta, Jorge Raúl Jorrat y Daniela Pérez Lloveras (“Notas sobre la precisión de algunas estimaciones electorales”) discuten el tema con detalle.
Para evaluar nuestro propio trabajo, en Equipos utilizamos varios de los modelos presentados por Mitofsky, según el “formato” de la elección a evaluar (básicamente, número de candidatos y competitividad). En las elecciones internas de junio pasado, anunciamos previamente que, siguiendo a Mitofsky, tomaríamos como regla para evaluar la mejor encuesta el criterio de que la mejor sería la que minimizara el promedio de las diferencias absolutas entre la encuesta y la elección. En nuestra nota “El Mejor Mitofsky: Misión Cumplida”, que puede consultarse en esta página, hicimos nuestro análisis del desempeño en las internas.
En el Cuadro 1 presentamos los resultados de la aplicación del mismo modelo de Mitofsky para las elecciones nacionales de octubre del 2009. Como puede observarse, no todos los colegas realizaron estimaciones comparables –algunos utilizaron rangos, otros no distribuyeron cabalmente indecisos y no contesta, otros agruparon opciones, etc. – Como puede observarse, todas las encuestadoras anduvieron bien, y sus diferencias promedio fueron bastante menores que el error de muestreo. Como elemento de control sobre la calidad de las encuestas puede considerarse el error medio de estimaciones de un “no colega” que tuvo bastante repercusión periodística: su error medio casi cuadruplicó el error de las encuestadoras profesionales.
Y, en el caso nuestro, otra satisfacción: nuevamente tuvimos el mejor Mitofsky, y disminuímos significativamente el error obtenido en las internas (2.81). (Esta claro: todas estas diferencias, incluídas las que tenemos con nuestros colegas, pueden deberse al azar). Así que, nuevamente, misión cumplida. Doblemente cumplida: en junio y en octubre.
