20 of abril, 2014

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¿UN SALTO DE NIVEL?

¿UN SALTO DE NIVEL?

En nuestra encuesta del mes de agosto continuó aumentando la confianza de los consumidores, llegando a 61 puntos, el registro más alto de todas nuestras mediciones, superior a los niveles registrados antes de la crisis y por primera vez en el campo de lo que llamamos “confianza atendible”. “Optimismo atendible”, apenas por encima de lo que llamamos “optimismo moderado”, pero confirmando la tendencia creciente que arranca desde noviembre del 2008 en adelante: una suba de 14 puntos -de 47 en noviembre a 61 en julio del 2009-, pero sobre todo un “salto de nivel”, desde “pesimismo moderado” en al comienzo hasta “optimismo atendible” en el pasado mes de agosto.

Para una interpretación más precisa del resultado encontrado en agosto, conviene releer algunos comentarios que realizáramos al presentar nuestra encuesta anterior. “Por supuesto –decíamos-, pueden hacerse muchas preguntas tanto sobre el nivel de confianza alcanzado como sobre la tendencia encontrada. Algunas de ellas –además- se preguntan por la evolución probable de la confianza en un año electoral. Por esa razón conviene analizar el tema con algún detalle”.

En el análisis realizado en agosto se procedía en dos partes. En primer lugar nos interrogábamos por el nivel de confianza -58 puntos en julio, 61 en la encuesta de agosto-, niveles relativamente altos en el marco de nuestra serie y particularmente altos en un contexto regional. “¿Es razonable?” –nos preguntábamos- y a continuación mostrábamos que “la información disponible sobre las variables que afectan la confianza sugiere que –al menos- no es irrazonable. De acuerdo a cifras del INE entre junio del 2008 y mayo del 2009 (…) los ingresos reales de los hogares aumentaron un 9,2 %, (…), el ingreso per cápita creció un 11,9 %, en todas las áreas geográficas del país (…) La inflación interanual, julio 2008 / junio 2009 se ubicó en 6.48, un poco por debajo de la meta del 7 anunciada por el gobierno (…). El desempleo de junio marcó 7.5 %, un poco por debajo de los registros de marzo, abril y mayo. (…). El nivel de actividad, por cierto, fue mucho menor que el verificado un año atrás, pero la poca información disponible sugiere que el descenso no fue tan grave como se pudo imaginar y, además, que es probable que se recupere modestamente en el segundo semestre. De tal forma que, si sumamos ingresos, inflación, empleo y actividad, no parece irrazonable encontrar un consumidor moderadamente confiado”.

Pero más allá del nivel en agosto también nos preguntábamos por la tendencia. “Podemos aceptar que los consumidores luzcan confiados. Pero, ¿con una confianza creciente? Como mostramos, la tendencia verificada desde noviembre pasado hasta julio de este año muestra en general un ascenso sistemático del nivel de confianza. ¿Puede explicarse este aumento? ¿Es razonable?”. Y a continuación sugeríamos que “un examen preliminar del tema lleva a una respuesta positiva a ambas preguntas por tres razones distintas, todas ellas consistentemente alineadas para explicar esa tendencia”.

La primera razón refería, directamente, a la formulación más sencilla de la teoría de las expectativas: “Entre agosto y octubre del 2008 el público (…) en forma casi simultánea al momento en que los medios comenzaron a informar sobre la crisis, imaginó un rápido empeoramiento de la situación del país, un fuerte aumento del desempleo, un empeoramiento de su situación personal y un aumento de incertidumbre en relación al corto plazo. Pero (…) la realidad se comportó bastante mejor que las expectativas”, y “por un efecto de contraste, el consumidor fue recuperando progresivamente la confianza hasta alcanzar, en julio, el mismo nivel de confianza que tuviera antes de la crisis”.

Una segunda razón –decíamos- era de índole completamente diversa y refería “a lo que habitualmente se llama ‘el ciclo político’. (…) En las fases previas e inmediatas a las elecciones nacionales el nivel medio de confianza tiende a aumentar ‘a demás factores constantes’. (…) “Los que apoyan al gobierno normalmente tienen bastante confianza en la economía –de lo contrario, probablemente disminuirían su nivel de apoyo- y algo parecido pasa con los que apoyan a la oposición siempre y cuando tengan razonables expectativas de ganar. En ambos casos, los consumidores perciben una mejora en las expectativas del país a corto y mediano plazo, y en esa medida tiende a subir el nivel medio de confianza”.

Finalmente, sugeríamos una tercer razón que justificaría la tendencia creciente del optimismo del consumidor: la evolución del clima de confianza a nivel internacional. “(…) En los últimos meses ha disminuído la información sobre la crisis y han aumentando las noticias y análisis que anuncian un enlentecimiento de la caída si no directamente la reactivación. Consiguientemente, si se observa el primer semestre, la confianza de los consumidores ha experimentado una mejora (…) en todos los países que incluímos regularmente en nuestro monitoreo”.

De esta forma, en nuestro comentario de agosto, sugeríamos que el comportamiento real de la economía local justificaría el nivel de confianza de los consumidores, mientras que la teoría de las expectativas, el ciclo político y la evolución de la confianza a nivel global podrían justificar la tendencia. Pues bien: todos estos comentarios pueden reiterarse en nuestro informe de setiembre, al observa los resultados de nuestra encuesta de agosto. La única interrogante –perfectamente legítima- es sobre si se mantendrá el nivel registrado en agosto de “optimismo atendible”. Si así fuera, los últimos meses de la campaña política se darían en un contexto de “salto de nivel”.

por César A. Aguiar