APROBACION A VAZQUEZ CAYO DIEZ PUNTOS Y SE SITUA EN 44%

El apoyo cae más en la centro izquierda que entre los radicales; por su parte, entre los votantes tradicionales crece la desaprobación.

Entre febrero y abril de 2006 la aprobación de los uruguayos a la gestión del Presidente Vázquez cayó diez puntos y la desaprobación creció once puntos lo que significa, ahora sí, el fin de la luna de miel con el gobierno. La pérdida de aprobaciones de Vázquez se concentra en buena medida entre sus propios votantes, y particularmente en los segmentos ideológicos que se definen básicamente como de "centro izquierda".

El desgaste que provocó sobre la imagen del Presidente el manejo del conflicto con Argentina por la instalación de las plantas de celulosa aparece como la principal explicación de esta caída en sus niveles de aprobación. La caída no afecta a otros miembros del gobierno que se mantuvieron alejados del conflicto -como el Ministro Astori-, aunque sí daña la figura del Canciller Reinaldo Gargano. A su vez, la oposición saca réditos de la situación encontrando -casi por primera vez en lo que va del período de gobierno- un tema de sintonía con el electorado en la crítica al gobierno de Vázquez.

Este trabajo de Equipos MORI, representativo de la población mayor de 18 años residente en zonas urbanas de todo el país, fue realizado entre los días 20 y 27 de abril pasados, y por tanto no refleja el impacto que puede haber tenido en el estado de opinión la visita de Vázquez a EEUU, la reunión con el Presidente Bush, y los anuncios de la búsqueda de intensificar el intercambio comercial entre ambos países.

El "fin final" de la luna de miel

Desde que el Dr. Vázquez asumió como Presidente el 1° de marzo de 2005, los juicios de los uruguayos sobre su desempeño habían reflejado un estado de opinión extraordinariamente favorable hacia la actual administración. Durante los primeros meses de gestión los niveles de aprobación rozaron el 70%, rompiendo todos los récords de administraciones anteriores.

La primera instancia de "desencanto" con el nuevo gobierno se produjo relativamente rápido: a mediados del año pasado, tras dos o tres semanas marcadas por problemas de implementación en el plan de Emergencia, algunos incipientes "piquetes" de protesta social y la primera iniciativa de la Ley de humanización y modernización del sistema carcelario (mejor conocida como la "ley de liberación de presos"), los juicios positivos sobre la administración cayeron drásticamente 14 puntos. Pero los niveles de desaprobación, si bien aumentaron, no alcanzaron registros significativos. De hecho, durante todo el segundo semestre del año pasado (y hasta principios de este año) el gobierno se movió en una "banda de flotación" de aprobaciones entre el 52% y 56%, y niveles de desaprobaciones todavía muy bajos, siempre inferiores al 20% del total del electorado.

Por este motivo, esa primera caída a mitad del año pasado, sugería el fin de la "luna de miel" mirado desde el lado de las aprobaciones, pero desde los juicios críticos el gobierno todavía parecía tener un buen nivel de crédito. Ni siquiera entre blancos y colorados se apreciaron en este período niveles fuertes de rechazo al gobierno sino en buena medida juicios "neutros", de cierta expectativa.

Los acontecimientos de estos meses, y fundamentalmente el conflicto con Argentina, parecen haber modificado esta situación y marcar, ahora sí, "el fin final" de la luna de miel. El gobierno puede recuperar parte del terreno perdido, pero es difícil que en el corto plazo retorne a los niveles de aprobación promedio que tuvo durante su primer año.

Desilusión de frentistas moderados

A fines de abril las aprobaciones a Vázquez cayeron de forma importante (de 54% a 44%) respecto a la medición anterior de fines de febrero, y las desaprobaciones crecieron en la misma intensidad (de 18% a 29%).

Esto no significa que haya habido movimientos bruscos de personas que pasan de un extremo a otro (de aprobar a desaprobar) en pocos meses, sino que los resultados insinúan dos movimientos simultáneos: el de un conjunto de votantes frentistas (básicamente, de "centro izquierda") que pasó de aprobar la gestión de Vázquez a tener juicios neutros; y, paralelamente, el de un conjunto de votantes nacionalistas y colorados de "centro" y "centro derecha" que pasó de sostener juicios neutros a alimentar la desaprobación.

¿Pueden las últimas acciones del gobierno en materia de inserción internacional ayudar a recomponer la imagen perdida en estos sectores puntuales de frentistas moderados?. Probablemente sí. Una encuesta de Equipos MORI, publicada en El País el día 23 de marzo pasado, mostraba cómo entre los votantes de sectores como Asamblea Uruguay, Alianza Progresista, Vertiente Artiguista y Nuevo Espacio los niveles de apoyo a un eventual TLC con EEUU eran muy elevados, casi tanto como entre los votantes blancos y colorados. Por tanto, el viaje de Vázquez a EEUU y su disposición a ampliar el intercambio comercial con ese país podrían permitir al gobierno recuperar parte del terreno en estos sectores. Paralelamente, los contactos realizados en la cumbre Europeo-Latinoamericana de Viena -si, como parece, traen buenas noticias en cuanto a apoyos internacionales en el conflicto con Argentina- también pueden ayudar a reforzar la imagen Presidencial desde una perspectiva más amplia.

Sin embargo, son movimientos que no están exentos de riesgo. Especialmente en el primer caso, la aproximación a EEUU y el eventual tránsito hacia un acuerdo de libre comercio suenan como novedades poco atractivas a la mayoría de los grupos más radicales del FA, y también a sectores no despreciables de otros dos grupos relevantes como el MPP y el PS. Por aquello de la "sábana corta", estos movimientos del gobierno si bien es probable que contribuyan a mejorar la situación en los sectores moderados desencantados, también pueden generar algunos conflictos en otros segmentos.

La interna y la oposición

Si el gobierno cae fundamentalmente por el manejo del conflicto con Argentina por la instalación de las plantas de celulosa, es razonable pensar que no todos los integrantes de la administración hayan sido impactados en la misma medida, y que -en términos generales- el desgaste debería haber sido mayor para las figuras más involucradas en el conflicto que para las más ajenas. Los resultados de la encuesta de Equipos MORI parecen confirmar estas presunciones. Además de Vázquez, también fue afectada de manera importante la imagen del Canciller Gargano, cuyo nivel de aprobación cayó de 39% a 29% entre febrero y abril, mientras que en el otro extremo, otros miembros del gabinete parecen haber salido completamente "ilesos": el caso más relevante es el del Ministro de Economía, Danilo Astori, cuyos niveles de apoyo se mantienen en el entorno del 60%. Obviamente, esta composición de los cambios, si se sostienen en el tiempo, pueden llegar a tener consecuencias importantes en el marco de la futura carrera presidencial, de la que se supone que el actual Ministro de Economía puede llegar a ser uno de sus grandes protagonistas.

Paralelamente, estos cambios en el estado de opinión sobre el gobierno también pueden tener consecuencias sobre la oposición, que parece haber encontrado en torno al conflicto con Argentina -casi se podría decir que por primera vez en lo que va del período- un tema en el que su línea crítica sintoniza con algunos sectores del electorado. Esto explica que, aunque moderadamente, en estos meses también han crecido los niveles de aprobación al desempeño del Partido Nacional (hoy se sitúan en 33%) y, en menor medida, los del Partido Colorado (hoy, 22%). Y, en términos de líderes específicos, el más favorecido en este cambio de coyuntura fue el ex candidato presidencial nacionalista Jorge Larrañaga, cuya imagen personal crece nueve puntos y se sitúa hoy en 44%, un nivel que sólo había superado en los meses previos a ganar la interna del Partido Nacional hace casi dos años.

El futuro

El gobierno comienza, así, lo que probablemente será la etapa más difícil de su período de gestión en materia de opinión pública, al menos desde una perspectiva más o menos "teórica". Es habitual encontrar en el plano internacional que los "años sándwich" entre períodos electorales son los que representan amenazas más importantes para los gobiernos en materia de apoyo popular, porque la euforia de la elección pasada y el entusiasmo por las primeras acciones de gobierno se enfrían progresivamente, y la potencial euforia de la elección siguiente todavía está lejos.

Por supuesto, este tipo de trayectoria "modélica", aunque es la más habitual, no siempre se cumple, entre otras cosas porque también depende del desempeño efectivo de los gobernantes y los gobiernos.

La experiencia uruguaya anterior muestra, por ejemplo, que Sanguinetti generalmente tuvo aprobaciones razonablemente estables, con un crecimiento al final muy moderado); Batlle tuvo una luna de miel muy intensa y una caída muy fuerte (mucho mayor que la del gobierno actual) pero de la que no logró recuperarse en el último tramo de su gestión; y finalmente Lacalle gobernó sin luna de miel (entre otras cosas porque inició su período con un "ajuste fiscal" que le inhibió de potenciales beneficios extrapartidarios en materia de apoyo público), aunque sí logró mejorar fuertemente sobre el final de su gestión (y de hecho, el PN terminó perdiendo por muy poco la elección de 1994).

Pero, volviendo a la situación actual, hay que tener en cuenta que existen algunos elementos "estructurales" en la opinión pública uruguaya que continúan siendo muy favorables al gobierno. No en vano los niveles actuales de aprobación -incluso después de esta caída- continúan siendo significativamente mejores que los que tenían los presidentes anteriores en momentos de tiempo similar.

Estos elementos, no por conocidos, dejan de ser menos importantes. En primer lugar, su "base de apoyo" original es mucho más amplia que la que tuvieron blancos y colorados en sus respectivos períodos. Entonces, salvo que el gobierno desilusione fuertemente a los suyos propios, su "piso" de aprobación será lógicamente más elevado que el que tuvieron los gobiernos de los partidos tradicionales. Y, en segundo lugar, que este gobierno cuenta -los anteriores en mucho menor medida- con varios líderes políticos de gran atractivo popular. A pesar de la caída, Vázquez, Astori y Mujica continúan siendo los líderes de mayor atractivo del elenco político nacional.

Obviamente, aunque estos factores favorables no garantizan nada, ayudan a que el gobierno pueda mirar el futuro con optimismo e incluso a que pueda plantearse mejorar sus niveles de aprobación actual.

Pero, de cualquier modo, no hay duda de que la administración Vázquez comienza a caminar una etapa difícil, despojada de buena parte de los apoyos extrapartidarios que recibió durante su primer año de gestión. Como casi todo en la vida, su evolución futura dependerá en gran medida de sus propios méritos.

Ignacio Zuasnabar
(Director de Opinión Pública de Equipos MORI)

 

click para volver a la sección
_____________________________________________________________

anterior____siguiente